viernes, 16 de diciembre de 2011

Pilares Cuarteados

Aquella vieja mesa, rescatada del retiro por tercera vez, tenia un escaso metro de diámetro. Mármol blanco y desgastado. Cada vez que teníamos el mal gusto de sentarnos a discutir yo  me encargaba de repasarla con la yema de los dedos. Y vaya tontería sentarse a discutir, va contra las normas de la pasión excedida, a favor de las reconciliaciones pobres, las que no merecen expiación.


También estaba aquel cenicero, donde ella dejaba mi anillo cuando le quemaban mis frases. 

Y sabes, siempre que me acuerdo de aquel momento crítico, me vienen a la mente tres cicatrices en la ceja del mármol.  Cuando ella amenazaba con darme la razón yo fijaba mi vista en ellas, al verme asustado y con gesto de desconfianza. Ella solía entender que con dos frases acertadas, mi autoestima y su cólera acabarían en sus estados naturales.


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